martes, febrero 3, 2026

EL BIEN MAYOR…

Víctor Manuel Aguilar Gutiérrez

La revocación de mandato en Oaxaca no fue un simple episodio local ni un ejercicio fallido de democracia participativa. Fue un aviso temprano. Un síntoma de desgaste que, puede convertirse en el germen de una derrota nacional para Morena y para el proyecto de la Cuarta Transformación. En el contexto de la reforma electoral que impulsa el gobierno federal, lo ocurrido en Oaxaca envía un mensaje preocupante al país: cuando el poder se siente amenazado, la democracia se administra, se simula y, según múltiples señalamientos, se manipula.

El proceso de revocación nació mal y terminó peor. No surgió de una demanda social clara, sino de una decisión política tomada desde arriba. No despertó entusiasmo ciudadano, sino apatía y desconfianza. A ello se sumaron denuncias públicas que lo señalaron como un ejercicio de simulación y fraude: irregularidades operativas, uso faccioso de estructuras de gobierno, derroche ofensivo en propaganda frente a otras necesidades más sentidas, opacidad en los resultados y una narrativa oficial desconectada de la percepción social. La revocación no fue una herramienta del pueblo, sino un intento burdo de legitimación del poder.

Este hecho es particularmente grave porque ocurre mientras Morena impulsa una reforma electoral a nivel nacional bajo el argumento de “democratizar” al país. La contradicción es evidente: ¿cómo convencer a la ciudadanía de que se busca fortalecer la democracia cuando uno de los ejercicios emblemáticos de participación es señalado como fraudulento? Oaxaca se convierte así en un espejo incómodo para el discurso nacional. Lo que ocurrió debilita moralmente la propuesta federal y refuerza el temor de que la reforma no busque empoderar al ciudadano, sino blindar al partido en el poder.

El mensaje que se envía al resto del país es devastador. No es el de un movimiento sólido e invencible, sino el de un partido dispuesto a repetir prácticas del viejo régimen cuando el control político está en juego. Morena prometió desterrar el fraude electoral de la vida pública; sin embargo, cuando un proceso bajo su responsabilidad es cuestionado de esa manera, la promesa se resquebraja. Y cuando la confianza se pierde, no hay discurso que la recupere.

En Oaxaca, además, la revocación dejó al descubierto una crisis interna profunda. El gobernador no solo enfrentó críticas externas, sino traiciones de sus propios aliados. Actores dentro de Morena le jugaron las contras por acción o por omisión, demostrando que la unidad de la 4T es más retórica que real. El Partido del Trabajo rompió abiertamente con el gobernador y se convirtió en uno de sus principales críticos, señalando irregularidades y cuestionando el sentido del proceso. El Partido Verde, en contraste, acompañó sin matices, confirmando su papel tradicional de aliado pragmático del poder.

Esta combinación —simulación electoral, fractura interna y alianzas sin principios— es una receta peligrosa. No solo debilita a Morena en Oaxaca, sino que sienta un precedente nacional. Las derrotas no siempre empiezan en las urnas; a veces comienzan cuando el partido en el poder deja de escuchar, subestima a la ciudadanía y desde su soberbia cree que su narrativa basta para sostenerlo todo.

La 4T no es invencible. Esa es quizá la lección más clara que deja este proceso. Su fuerza provenía de la indignación social, de la esperanza y del rechazo a las viejas prácticas. Cuando esas prácticas reaparecen, aunque sea bajo nuevos colores, el proyecto pierde su razón de ser. La gente puede tolerar errores, pero no la simulación; puede entender diferencias internas, pero no el fraude; puede apoyar un cambio, pero no una mentira. La máxima de “no mentir, no robar y no traicionar” queda destrozada.

Oaxaca, con su historia de lucha y dignidad, no debería ser recordada como el lugar donde se ensayó la regresión democrática, sino como el punto donde se encendieron las alertas. Si Morena insiste en minimizar lo ocurrido y en descalificar toda crítica, esta revocación de mandato quedará marcada como el inicio del declive por los errores del propio poder.

La pregunta sigue siendo incómoda y necesaria: ¿dónde queda Oaxaca en este proyecto? Si la respuesta es la simulación y el uso faccioso de la democracia, entonces no solo está en riesgo la transformación local, sino el futuro nacional de la 4T. Porque ningún movimiento que se dice popular sobrevive cuando pierde la confianza del pueblo.

@aguilargvictorm

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