lunes, enero 19, 2026

DE CABO A RABO

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Saulo Chávez A.*

La historia de la humanidad es la del devenir lógico de su interacción, donde las buenas relaciones son más escasas que el también natural disenso mismo que, sin embargo, no deja de crear áreas de oportunidad tanto para el progreso en sociedades con soporte cultural como, desgraciadamente, para aquellas de escaso nivel, convertirse en vía para la degradación. Ejemplos difundidos hasta la saciedad encontramos, de entrada, en los relatos arcanos, como las discrepancias entre Caín y Abel, Osiris y Set, Rómulo y Remo, Amaterasu y Susanoo, entre tantos; y, por su parte, en el sentido positivo, en los inicios de la modernidad, ya el propio Maquiavelo sintetizaba, en su tratado sobre la filosofía de Livio, la importancia del enaltecimiento del disenso, incluso en su peor etapa, el conflicto, como instrumento de puja para el éxito de Roma, sino y fundamento de la civilización occidental.

En ese sentido, el espectro que siempre ha recorrido el mundo ha sido el del disenso tanto entre particulares, colectivos, países, bloques y demás. Hoy, por tanto, no tendría por qué ser diferente, cuando el péndulo vuelve a la etapa de reconfiguración de hegemonías a nivel planetario, buena parte de Asia para China, al igual que de Europa dividida para Rusia y la UE; Oceanía para sus fuertes países Australia y Nueva Zelanda; América para los americanos; y, África para todos ellos en conjunto o individualmente, pero en ningún momento para los propios africanos, suerte a la que se resisten estos últimos, así como, en cada circunscripción, los hispanoamericanos, uno que otro europeo o asiáticos como Japón, algunos árabes pertrechados en su necesaria religión, entre otros.

Tal es la reconfiguración de bloques y las razones siguen siendo las mismas, la distribución del poder global para el control y hasta la apropiación directa de recursos naturales como el petróleo, las llamadas tierras raras, el agua, así como las vías de comunicación aéreas, terrestres, marítimas y hasta del espacio exterior que resultan base de la cibernética, siendo todas estas consideraciones necesarias para la seguridad nacional y regional de las grandes potencias.

Esta es la lógica que está acomodando todo en el contenedor planetario, lo saben aquellos cuya inteligencia les permite otear el presente y, sobre todo, el futuro, sobre todo los grandes dirigentes de esos Estados-imperio, como Xi, Putin y Trump, quienes han desplegado todas sus energías para mantener y exponenciar sus dominios vía el nuevo instrumento operativo, el Capitalismo de Estado, travestido de socialismo en el caso de China, de oligarquía nacionalista en el de Rusia y de aristocracia patriótica en los Estados Unidos (EEUU), que ninguno se equivoque concibiéndolas con esa entelequia amorfa soñada como democracia o, incluso, su perversión más asequible, el populismo, ya superados en sus demarcaciones por el expansionismo para ellos no tanto rapaz sino necesario, por todas las vías y, sobre todo, por la fuerza, incluyendo la guerra que todavía les viene mejor a sus economías belicistas, con base en su industria y poderío militar, del que deben seguir haciendo uso que para eso cuentan con todo ello, a lo que supone se oponen los que no estan dotados de lo mismo.

En esta nueva realidad los EEUU han volteado los ojos a todo el continente del que forma parte, en América latina directamente ya corrigieron el rumbo de Panamá e indirectamente, vía la lucha partidista, el de Argentina, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, estan trabajando sobre Venezuela, Colombia y México para, una vez terminado el proceso se entienda lo mismo en Brasil y en aquellos pequeños países sumidos en la pobreza por quienes juraron llevarlos al desarrollo como Nicaragua y Cuba, naciones ya cercanas a las condiciones de Haití.

Países de la América hispana víctimas del populismo propio del círculo vicioso del subdesarrollo, que han experimentado no sólo una década sino al menos un siglo perdido en sus luchas internas y la captura del Estado por elites políticas irresponsables, por no decir irracionales, sin ninguna preparación, patriotismo ni seriedad aunque intenten fingirlas y sí mucha corrupción, nepotismo, impunidad, violencia e ineficiencia a todas luces evidentes, naciones que para su mala fortuna, en la vorágine de su descomposición, se han desentendido de la buena política y lo mismo han encumbrado conscientes o inconscientemente -aunque sorprenda su insano recuento- hasta en sus jefaturas de Estado desde a choferes de autobús, ignorantes sin preparación universitaria, trasnochados, supuestos guerrilleros, golpistas, dipsómanos, toxicómanos, chamanes,  acomplejados y demás personas sin oficio ni beneficio conocido, mismos a los que después ya no pueden desalojar del poder por lo que solicitan al hegemón del Norte aplicarles la fuerza bruta con tal objetivo de liberación, a sabiendas de que no resulta una intervención gratuita, pero que puede parecerles preferible ante tantos años de pérdida de sus derechos más elementales y de sus soberanías individuales o derecho de gentes en estos lugares donde sus soberanías nacionales ya han sido también enajenadas.

Hacia el Norte el pragmático Presidente Trump ha lanzado su invitación a Canadá y Groenlandia para sumarse como otros estados más de la Unión Americana, hecho que percibe como un devenir natural por la vecindad, propuesta que entiende algún día quizás se materialice con el primero y, para con el segundo, el territorio de la débil Dinamarca, más pronto que tarde, ya que se encuentra plenamente convencido de la necesidad de hacer más grande al país-bloque de América del Norte para hacerlo más seguro, rico y competitivo en el confronto con los otros gigantes económicos, poblacionales y territoriales como China, Rusia, India, quienes además han conformado ya su megabloque planetario BRICS cuyo siguiente paso será abandonar el patrón dólar con todo y sus consecuencias para Occidente. Al parecer Trump está convencido que debe hacerse a América más grande y, por primera vez, debido a las condiciones pendulares del mundo, quiere comenzar en Norteamérica para, inmediatamente, ir sumando a toda América Latina.

En ese último sentido, México debe saber entender el momento planetario, sin ideas trasnochadas y siguiendo la ruta que le ha resultado tabla de salvación, el Tratado de Libre Comercio con esa América del Norte para, también inmediatamente, extenderla a la América Latina, ya no existe ninguna posibilidad de exentarse del mundo, encerrarse en sí mismo fue sólo un atisbo del pasado así como el verse entre 1492 y 1521, la estrategia debe ser verse a futuro y tal premisa va de la mano del concebirse como parte fundamental de Norteamérica, debe ser ese el proyecto principal, de Estado, proponer, de entrada y por principio, integrar una Unión de Norteamérica, mucho mejor que la Unión Europea, con todo lo que ello exige, cambiar la forma de entender la política, la economía y a la sociedad, ser un país de leyes y con perspectiva de desarrollo para todos, no para unos cuantos, integrar un megabloque donde pueda ser también cabeza de América Latina y más integrado en la dinámica norteamericana vía los mexicanos en esos países que, con toda seguridad, también estan interesados en poblar Groenlandia.

*Politólogo y literato. Correo: sicaviani@yahoo.com.mx

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