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Víctor Manuel Aguilar Gutiérrez
Arrancar 2026 no se siente igual para todos. Para muchas personas no es un “nuevo comienzo”, sino la continuación de preocupaciones que no se fueron con el año viejo. El dinero que no alcanza, el miedo a la inseguridad, la falta de agua, el trabajo inestable, la incertidumbre sobre el futuro de los hijos. No son temas de discurso ni de redes sociales; son conversaciones de mesa, de camión, de mercado y de fila para pagar recibos.
En México —y en Oaxaca todavía más— llevamos años escuchando diagnósticos. Sabemos qué está mal porque lo vivimos todos los días. Por eso este año se siente distinto: ya no alcanza con decir que “se está trabajando” o que “es un proceso”. La gente necesita decisiones que se noten en la vida real, no solo en informes o conferencias.
En Oaxaca, el contraste duele. Se presume la cultura, las fiestas y el turismo, pero muchas familias apenas logran sostenerse. Vivir en la ciudad es cada vez más caro. Rentar una casa cerca del centro se volvió imposible para quienes siempre han vivido ahí. El turismo deja dinero, sí, pero no siempre se queda en manos locales. Muchos trabajan más, ganan lo mismo y pagan más por todo. Y eso genera enojo, cansancio y una sensación de injusticia que no se puede seguir ignorando.
El problema del agua es otro ejemplo claro. No es nuevo, pero cada año empeora. Cuando falta, no afecta a todos por igual. Hay colonias donde se sobrevive con cubetas y tandeos eternos, mientras en otros lugares el problema parece no existir. Esa desigualdad no es casualidad, es resultado de decisiones que se toman —o que no se toman— desde hace años.
Lo mismo pasa con el empleo. Mucha gente trabaja todos los días sin seguro, sin prestaciones y sin certeza. Jóvenes que estudian y aun así no encuentran oportunidades. Personas que migran no porque quieran, sino porque aquí no les alcanza. Cada historia es distinta, pero el sentimiento es el mismo: esfuerzo sin recompensa suficiente.
A esto se suma el desgaste emocional. El cansancio de escuchar siempre las mismas promesas, de adaptarse a reglas que cambian, de sentir que el futuro se vuelve cada vez más incierto. Muchas personas ya no piden grandes cambios; piden estabilidad, respeto y un poco de tranquilidad para planear su vida sin miedo a que todo se derrumbe de un día para otro.
A nivel nacional, el panorama no ayuda. La política se ha vuelto un pleito permanente. Todo se reduce a bandos, etiquetas y descalificaciones. En medio de ese ruido queda la gente común, tratando de resolver su día a día sin sentirse representada por nadie. La polarización cansa, divide y aleja a las personas de la vida pública, cuando debería acercarlas.
Hablar de decisiones no es hablar de castigos ni de sacrificios para los de siempre. Es hablar de poner orden, de priorizar, de pensar primero en quienes sostienen el país con su trabajo. En quienes esperan meses una cita médica, en quienes se levantan de madrugada para llegar a tiempo, en quienes hacen malabares para que el gasto alcance.
Decidir también implica reconocer errores. No pasa nada por decir “esto no funcionó”. Lo que sí pasa es seguir fingiendo que todo va bien cuando no es cierto. La gente no exige milagros ni discursos heroicos. Exige honestidad, coherencia y respeto.
Y algo importante: la ciudadanía no es apática. La gente participa cuando siente que su voz cuenta, cuando se le habla claro y no solo en tiempos electorales. Corresponsabilidad no es cargar culpas a la población, es construir soluciones juntos y sostenerlas en el tiempo.
Cada decisión que se pospone tiene un costo que no siempre se ve en cifras, pero se siente en las mesas, en las calles y en los hogares. Los servicios que llegan tarde, los precios que suben, las oportunidades que se pierden, afectan directamente la vida cotidiana de quienes trabajan, estudian o cuidan de sus familias. Este año no se puede permitir que la inercia siga marcando el rumbo; la gente necesita cambios palpables, hoy.
2026 puede ser otro año más de desgaste y promesas recicladas, o puede ser el año en que se tomen decisiones pensando en la gente común: la que madruga, la que resiste, la que cuida, la que sostiene todo sin reflectores. Que quede claro: si no actuamos ahora, los errores de los gobernantes seguirán convirtiéndose en dolor cotidiano para todos, y nadie quedará indemne. Este año exige decisiones reales porque la paciencia de la gente no es infinita y el futuro no espera por nadie.
@aguilargvictorm