La carta
Por Cipriano Miraflores
Había una regla de oro de los gobiernos de la Revolución: el que ya bailó que se siente.
El nuevo sexenio recaía plenamente en las manos del nuevo presidente.
Esto le daba mucha estabilidad al régimen, el nuevo equipo de gobierno tornaba alrededor del jefe en turno.
Esta lógica de civilidad política no existe en los regímenes populistas. El Mesías, no quiere, ni puede, ni desea irse, precisamente, porque es el Mesías.
Los ejemplos abundan en América. Rayito de Esperanza pensó en esta lógica, quedarse, reeligirse, seguramente lo hubiese logrado.
Pero, su salud no se lo permitió. Decidió lo peor: un Maximato.
Gobernar, mandar, decidir, tras bambalinas. Decidió impulsar a la más leal de sus seguidores, a una persona que gustosa aceptaría el papel de transmisora de las decisiones del Mesías, pero además, le dijo con quién gobernar y que debería respetar sus espacios.
Sin embargo, la que dijo que ella y López Obrador son lo mismo, demostró incapacidad para conducir el timón del gobierno en esas condiciones.
Sobre todo, la relación con el populista Trump, como consecuencia de ello, el régimen político está en un verdadero problema, que puede ser hasta su fin.
En este contexto surge la carta de Cabecita de Algodón, donde le enseña a su pupila , que él si pudo torear a Trump, que él si pudo manejar la relación.
Habría que recordar que fue a la Casa Blanca para aplaudir la reelección de Trump. Pidió a los mexicanos apoyarlo.
Opino que está bien hacer hasta lo imposible para que un loco no dañe a mi país. Pero hacer lo que hace Claudia es una estupidez. Tentarle los tanates al tigre, sin defensa.
Por eso, el Mesías le dijo en público que es una incompetente. Ella se lo aguantó diciendo: «increíble carta»
Esta persona tan humillada así, debería tener dignidad e irse a su casa, por el bien de México. Nosotros, acabar con el régimen populista que es una desgracia para todos.
Urge un presidente interino que convoque a elecciones y decidir, soberanamente, nuestro destino.
Así las cosas, en vía de mientras sea usted rabiosamente feliz y cuídese mucho.
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