BOLETÍN DE PRENSA
Tepoztlán, Morelos, a 8 de abril de 2026
José Luis Bustamante no duda cuando mira hacia atrás y después de 50 años frente al lienzo, define su trayectoria como un viaje largo, intenso y profundamente humano, donde la pintura no ha sido solo una profesión, sino una forma de vida.
“Ha sido algo maravilloso recorrer este camino lleno de sueños, de lucha, de esfuerzo, de alegrías y de triunfos”, afirma desde su estudio en este pueblo mágico del estado de Morelos, rodeado de obra, historia y memoria.
Pero lejos de romantizar el oficio, el artista lo describe con crudeza: pintar es una confrontación permanente. “Es una lucha constante, un pleito total con la tela. Cada vez que entro al estudio me pregunto: ¿y ahora qué voy a hacer?”.
Su historia no comenzó en un entorno artístico. Bustamante es el único en su familia que eligió este camino. Desde niño mostró una inclinación natural por el dibujo, que lo llevó a insistir —literalmente— hasta ser aceptado aun sin la edad y estudios suficientes en la Academia de San Carlos, por el entonces director Héctor Garibay, insistencia que marcó el tono de toda su carrera.
“No fue fácil. Hubo momentos muy difíciles en los que pensé abandonar. Pero el amor a la pintura fue lo que me hizo seguir”, confiesa en entrevista, tras mostrar más de 250 obras hechas en papel amate, llamadas “Las Capillas” o el libro de autor “Un café con Tàpies”, el artista catalán maestro de las técnicas mixtas, que fue desarrollando infinidad de mañanas tepoztecas con el primer café del día.
Uno de los episodios que más lo marcaron ocurrió cuando el maestro Rufino Tamayo inauguró una exposición suya en República Dominicana y le dejó una frase que hoy cobra sentido: “Este camino es muy largo y espinoso, pero estás en él”. Décadas después, Bustamante reconoce que esa sentencia resumía con precisión la vida del artista.
A lo largo de su carrera ha desarrollado un lenguaje propio dentro de la abstracción, caracterizado por el simbolismo, la luz y una técnica depurada influida por el Renacimiento. Su obra, exuberante y elegante, no renuncia a la complejidad ni a la profundidad.
“La pintura abstracta también puede tener simbolismo. No es solo mancha; es lenguaje, es estructura, es pensamiento”, explica.
Para él, la creación nunca es lineal, sino que la obra nace de la mezcla entre idea, emoción y disciplina, pero siempre en medio de la incertidumbre. “Crear algo de la nada es difícil, pero ahí está el reto, ahí está el gozo”.
Entre sus obras más significativas destaca el mural “Desde el corazón de la tierra”, realizado para el Instituto Zacatecano de Cultura, una pieza que representó uno de los mayores desafíos técnicos y creativos de su carrera.
En el terreno del mercado del arte, Bustamante es claro: sí se puede vivir del arte en México, pero no sin una lucha constante. “La gente no compra cualquier cosa. Tienes que construir un camino, un nombre, una trayectoria”, advierte luego de recordar los años de lucha para lograr imponer su nombre en el corredor artístico.
También observa con distancia crítica el arte contemporáneo actual, donde —dice— a veces se confunden los límites entre expresión y mercado. Sin embargo, reconoce que el arte, como toda disciplina, está en constante evolución.
Al hablar de legado, su respuesta es contundente: “Mi legado es mi obra”. No busca imponer una narrativa futura, sino dejar que el tiempo y el público juzguen su trabajo.
A los jóvenes artistas les deja una recomendación clara: disciplina. “Sin disciplina no hay nada. Puedes tener talento, pero si no trabajas con pasión y constancia, no llegas”.
Actualmente exhibe parte de su colección en el Museo de los Pintores Oaxaqueños en la capital de la Antequera desde el 28 de febrero, por tres meses, y del 10 de abril al 17 de mayo una obra suya, “Invocando a los Dioses”, participará en NEXOS, Arte Iberoamericano Contemporáneo junto a 15 artistas más en el Palacio de los Barrantes-Cervantes, en Trujillo, Cáceres, España.
Hoy, a 50 años de haber iniciado su camino, Bustamante no habla de cierre, sino de continuidad. “Lo que sigue es seguir pintando, seguir buscando, seguir descubriendo”.
Porque, al final, para él el arte no es un destino, sino una batalla diaria.
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