lunes, febrero 23, 2026

EL BIEN MAYOR…

                     Crisis en política recaudatoria de Oaxaca de Juárez

Víctor Manuel Aguilar Gutiérrez

En Oaxaca de Juárez la política recaudatoria hizo crisis. Lo que se presentó como modernización administrativa y fortalecimiento de las finanzas públicas terminó por convertirse en una fuente constante de inconformidad social. Las tres últimas administraciones municipales identificadas con la llamada 4T, prometieron un gobierno cercano al pueblo, austero y sensible. Sin embargo, la percepción ciudadana es otra: más cobros, más presión y resultados visibles.

El problema es que en Oaxaca de Juárez el incremento en la recaudación no se ha traducido en mejoras proporcionales en los servicios municipales. Inseguridad, calles deterioradas, baches que se multiplican con cada temporada de lluvias, recolección de basura intermitente, alumbrado público deficiente y trámites burocráticos que siguen atrapados entre ventanillas y sistemas digitales. La ciudad parece administrada con criterios estrictamente fiscales.

El impuesto predial es el ejemplo más evidente. En el último año, muchos contribuyentes han reportado aumentos considerables derivados de la actualización catastral realizada por la administración pasada. Se habló de “regularización” y “justicia tributaria”, pero para miles de familias el resultado fue un recibo más alto sin que su colonia recibiera pavimentación, drenaje nuevo o mayor seguridad. El mensaje que quedó en el ánimo colectivo es claro: el municipio actualiza valores con rapidez, pero no actualiza servicios.

A ello se suman los cobros por continuidad de operaciones para comercios y pequeños negocios. Quienes intentan abrir o mantener un establecimiento se enfrentan a derechos, permisos y verificaciones que, aunque legales, resultan onerosos. Incluso dar de baja un negocio sale caro. La narrativa de apoyo al emprendedor choca con la experiencia de quienes deben destinar buena parte de sus ingresos a cumplir con requisitos municipales costosos.

El traslado de dominio también ha sido motivo de queja. Para quienes adquieren una vivienda o un pequeño local, el pago correspondiente representa una carga significativa. La percepción es de falta de proporcionalidad. En una ciudad donde el mercado inmobiliario se ha encarecido, el impuesto se calcula sobre valores que no siempre reflejan la capacidad económica real de los habitantes locales, desplazados por dinámicas turísticas y de inversión externa.

El nuevo reglamento de mercados propuesto ha generado inconformidad adicional. Diversos sectores señalan que amplía facultades de inspección y sanción sin establecer con claridad mecanismos de defensa accesibles y ágiles. La sensación de discrecionalidad preocupa.

Gobernar no es solo cuadrar cifras; es generar confianza. La confianza se erosiona cuando el contribuyente siente que paga más y recibe menos. La recaudación, sin transparencia y sin indicadores públicos de mejora en servicios, termina asociada al afán de cubrir gasto corriente antes que a la inversión productiva.

Hay, además, un componente político innegable. El discurso de transformación prometía romper con viejas prácticas. Se habla de justicia social mientras se aplican actualizaciones catastrales masivas; se invoca sensibilidad popular mientras se endurecen reglamentos y se multiplican multas. La contradicción desgasta. Esta administración comenzó levantando infracciones.

Oaxaca de Juárez enfrenta retos reales: crecimiento urbano desordenado, presión turística, rezagos históricos en infraestructura. Para atenderlos se requieren recursos. Sin embargo, la pregunta central sigue sin respuesta convincente: ¿por qué el aumento en los ingresos municipales no se refleja en una mejora tangible y cotidiana? Mientras la basura permanezca en las esquinas, los baches se vuelvan cráteres y el alumbrado falle en colonias enteras, cualquier política recaudatoria será vista con sospecha.

La crisis no es solo financiera; es de legitimidad. Cuando el ciudadano paga con enojo, el vínculo fiscal se rompe. El municipio necesita recursos, pero también necesita credibilidad. Sin ella, cada actualización de cuentas, cada nuevo reglamento y cada ajuste de tarifa profundizarán la percepción de que el gobierno local ha olvidado que recaudar es un medio, no un fin.

La política recaudatoria sigue siendo el epicentro del descontento en Oaxaca de Juárez. Y ninguna transformación será posible mientras el ciudadano sienta que la carga crece al mismo ritmo en que los servicios se deterioran.

@aguilargvictorm


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